Vengo, miro tu restaurante con ojos de operaciones y te escribo dónde se te está escapando el margen. En euros al año y con el cálculo a la vista.
Qué se vende, a qué hora, a qué precio y con qué ticket medio. Lo dice tu TPV, no yo.
Qué te cuesta cada plato de verdad, con tus facturas en la mano. Aquí aparece casi siempre la primera fuga.
Cuadrantes, horas reales y productividad por servicio. Sin juicios: números.
Cómo se compra, cómo se produce, cómo sale del pase. Dónde se repite trabajo y dónde se tira producto.
Lo que ve quien paga: entrada, carta, servicio, tiempos, cierre de mesa. Y lo que dice después en Google.
Proveedores, almacén, mermas, horarios de apertura y todo lo que salga de la conversación contigo.
Rellenas el formulario o me mandas un WhatsApp. Te llamo yo y buscamos un hueco que no te pise el servicio.
Voy a tu local. Hablamos, miro la carta, los números que tengas y cómo funciona la casa. No te vendo nada ese día: ese día solo escucho y miro.
Te llega por escrito: los puntos de fuga ordenados de mayor a menor impacto, lo que te cuesta cada uno en euros al año y qué haría yo. El informe es tuyo hagas lo que hagas con él.
Voy yo en persona: son 90 minutos en tu local más el informe, y las horas son las que son. Si el mes está completo, entras en la lista y te aviso en cuanto se abra el siguiente.
Si no tienes nada de esto ordenado, no pasa nada: es lo normal y también es información.
Te llamo yo en menos de 24 horas laborables.
90 minutos en tu local, sin coste y sin compromiso. Sales con un informe que vale dinero aunque no vuelvas a llamarme.