Samuel González. Empecé con una bandeja en la mano y he acabado dirigiendo operaciones. Por el camino, más de 20 restaurantes.
No estudié hostelería en un aula y luego vine a explicártela. Empecé de camarero, con una bandeja, aprendiendo lo que se aprende en el turno de un sábado a las diez de la noche.
Después vino la cocina, y entender por dentro por qué un plato tarda o por qué un escandallo no cuadra. Luego el pase y la sala como maître. Luego la responsabilidad entera de un local como director de restaurante. Luego el catering, que es la hostelería sin red: un servicio, un sitio distinto cada vez, cero margen de error. Y hoy, director de operaciones.
Por el camino, más de veinte restaurantes entre Madrid, Toledo, Alicante, Jávea, Altea y Benidorm. Aperturas, cartas nuevas, experiencias gastronómicas, escandallos, menu engineering y muchos cierres de mes que no cuadraban hasta que aprendí dónde mirar.
Porque he visto demasiados restaurantes buenos ganar poco. No por falta de trabajo — de eso van sobrados — sino porque el margen se escapa por sitios que no se ven desde la barra: una carta sin números detrás, un proceso que solo está en la cabeza del jefe de cocina, un equipo que se renueva entero cada temporada.
Eso tiene arreglo, y el arreglo no consiste en trabajar más horas. Consiste en ordenar la cadena entera: producto, cocina, pase, sala, venta y datos. Cuando cada eslabón hace lo que tiene que hacer, el margen aparece solo.
Con datos, no con opiniones. Todo lo que te diga va con el número al lado y el cálculo a la vista.
Con el local abierto. Nada de cerrar, nada de parar el servicio, nada de sistemas que solo funcionan en la teoría. Lo que te propongo se tiene que poder hacer un viernes a las nueve de la noche, con el equipo que tienes.
Sin humo. Si tu problema no es de los que yo resuelvo, te lo digo en la primera visita y te ahorro el dinero.
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